¿La paradoja que enfrenta Cuba traerá las reformas que tanto necesita? – Informes SIG

El régimen cubano lucha por conciliar su compromiso ideológico con una población que tiene pocos vínculos con la revolución. La consecuencia probable es soportar la represión estatal.

Las manifestaciones antigubernamentales de “Patria y Vida” en Cuba en julio de 2020, que también contaron con el apoyo de la diáspora, mostraron la erosión del espíritu revolucionario exigido por el régimen. © Getty Imágenes
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En una palabra

  • Los cubanos cada vez más alejados de la revolución
  • Es poco probable que las reformas provengan de otro lugar que no sea el ejército.
  • Lo más probable es que aumente la represión estatal

Durante más de seis décadas los cubanos han vivido bajo dos estipulaciones ideológicas: que le deben a la revolución ya sus líderes una lealtad total e indivisa; y que acepten el socialismo, no el capitalismo, como el sistema económico reinante, ahora y siempre. Pero el régimen actual se esfuerza por cumplir estos mandatos. Aunque gobernado por una élite leninista, solo el 15 por ciento de los cubanos experimentó el entusiasmo de los primeros días de la Revolución, tiempos que ahora son un recuerdo lejano.

La erosión del espíritu revolucionario es evidente en el estimado de millón y medio de cubanos que se han autoexiliado, y la continua búsqueda de visas a Estados Unidos o España. Fundamentalmente, queda claro en las repetidas explosiones de protestas públicas, como la protesta del “Maleconazo” de 1994, la “sentada” de artistas ante el Ministerio de Cultura de noviembre de 2020 y las recientes manifestaciones masivas de “Patria y Vida”. en varias ciudades importantes. Un programa de movilización social para el 15 de noviembre de este año fue anulado por las acciones represivas de militares, policías y miembros armados del Partido Comunista.

Y aún más evidencia de esta erosión se encuentra en la postura de la mayoría de los intelectuales que rechazan la organización económica marxista y optan por abrir la sociedad a la empresa privada y al comercio internacional.

Los cubanos influyentes en la diáspora se han apresurado a identificar la creciente agitación por la reforma como un movimiento social inevitable. Podría decirse que entre los primeros observadores de este cambio hacia las demandas de una mayor libertad de las actividades económicas se encuentra el decano de los economistas exiliados, Carmelo Mesa-Lago, quien ve el proceso de reforma como «imparable» y predice que si el liderazgo intentara revertirlo, » la gente simplemente los ignorará… [and] la posibilidad de rebelión aumentará”. En un tono similar, el veterano investigador William LeoGrande predice que «la forma en que las instituciones de Cuba se adapten a esta nueva realidad será el principal determinante que dará forma al futuro de la política cubana».

¿Cómo, entonces, desentrañar de manera inteligible el futuro probable de este paradójico sistema socialista? Se sugieren tres escenarios, cada uno con el grado de probable ocurrencia indicado.

Resistencia a la reforma

El escenario más probable es una represión estatal duradera y creciente, mientras las reformas económicas oportunistas avanzan a paso de tortuga.

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En ningún momento se permitirá que estas reformas amenace al establecimiento político existente. Fueron necesarios 10 años para implementar la tímida legalización de las ocupaciones privadas (cuentapropismo) de febrero de 2021; y, aun así, quedaron excluidas las ocupaciones más lucrativas, como la de médicos, abogados e ingenieros.

La capacidad de la dictadura para superar los desafíos al sistema ha sido ampliamente demostrada.

A pesar de esta vacilación, algunos expertos sostienen que existen al menos cinco factores que hacen imposible mantener políticas represivas: la crisis económica interna; la ausencia de garantías significativas por parte de un aliado geopolítico extranjero como la Unión Soviética o Venezuela; la pérdida del monopolio de las redes sociales; lo que Fidel y Raúl Castro identificaron repetidamente como la autoconservación esclerótica de la clase burocrática; y, contextualizando todo lo anterior, las presiones ejercidas por dos generaciones agotadas por décadas de escasez de alimentos y falta de libertades.

Y sin embargo, dicho todo esto, la capacidad de la dictadura para superar innumerables desafíos al sistema no solo ha sido ampliamente demostrada, sino que endurece la columna vertebral de estos fuertemente comprometidos en su supervivencia. Por supuesto, también motiva a quienes están decididos a reformar el sistema.

inversión de la diáspora

Un resultado con baja probabilidad a corto y mediano plazo depende de si el Congreso de los Estados Unidos modifica o deroga la Ley Helms-Burton, que rige las relaciones estadounidenses con Cuba, y si el gobierno cubano cambia su prohibición de inversiones de la diáspora cubana. Si estos eventos ocurrieran (independientemente de cuál ocurra primero), existe en la comunidad cubana en el exterior una verdadera nostalgia por su antiguo país y posiblemente más capital, a través de remesas e inversiones extranjeras directas, del que podría estar disponible a través de la ayuda exterior de EE. UU. o los préstamos internacionales. agencias

Los cambios potenciales en el sector azucarero son un resultado potencial destacado. El dicho tradicional cubano, «sin azucar no hay pais“-sin azúcar no hay país- describe una de las grandes ironías de la nación dividida entre isla y diáspora.

Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro
En 2018, Miguel Díaz-Canel (L) sucedió a Raúl Castro (C) como presidente de Cuba -el primero nacido después de la revolución de 1959- y tres años después como primer secretario de su partido comunista. © Getty Imágenes

El caso de la familia Fanjul es ilustrativo. Con sus propiedades azucareras expropiadas por la Revolución, los Fanjul invirtieron lo que lograron sacar de Cuba en azúcar de Florida. Para 2019, la Corporación Fanjul valía 8.000 millones de dólares y producía 7 millones de toneladas de caña, seis veces lo que Cuba en su conjunto produjo ese año. El mayor Fanjul, Alfonso («Alfy»), viajó a Cuba en 2012 y 2013 y, «con lágrimas en los ojos», visitó la casa de la era colonial de su familia. Él dijo el El Correo de Washington que “bajo circunstancias especiales” estaría dispuesto a invertir en Cuba: a saber, Cuba tendría que revertir muchas de sus leyes anti-libre comercio y de propiedad privada arraigadas y adoptar una actitud más positiva hacia la comunidad cubanoamericana. En parte debido a la oposición de poderosos políticos cubanoamericanos, las posibilidades de que suceda en el corto o mediano plazo en este momento parecen muy escasas.

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Reforma dirigida por militares

Un escenario con probabilidades muy bajas pero que no debe ignorarse vería el surgimiento de un ejército cubano en proceso de modernización.

El gobierno cubano ciertamente es consciente de la posibilidad. Lo más revelador es su reacción al reciente seminario realizado en el campus de la Universidad de St. Louis en Madrid, donde se discutió el papel de las fuerzas armadas cubanas. En una presentación a la conferencia, el ex presidente español Felipe González describió el papel de las fuerzas armadas españolas para hacer posible la transición a la democracia. Otros casos discutidos fueron los de Perú, Venezuela y Turquía. Entre los cubanos presentes estaban Yunior García Aguilera, principal líder del Movimiento Archipiélago, y el veterano opositor Manuel Cuesta Morua.

Posteriormente, el primero fue confinado a la fuerza en su casa antes de exiliarse; este último encarcelado. Mientras tanto, en un programa posterior de la televisión cubana, un «agente secreto» llamado Leonardo reveló que había estado presente en la conferencia, que describió como «un seminario de entrenamiento sobre cómo subvertir a los militares cubanos».

Alrededor del 25 por ciento del Comité Central del Buró Político del PCCh pertenece al ejército. Están administrando aproximadamente el 75 por ciento de la economía. El ejército, con sus 35 000 miembros -y no los 800 000 miembros del Partido Comunista- es ahora la institución dirigente en Cuba (Bloomberg publicó un revelador reporte sobre el general Luis Alberto Rodríguez, presidente del mayor imperio empresarial de Cuba, conglomerado que comprende al menos 57 empresas propiedad de militares).

¿Quién va a manejar los asuntos si se desmantelan las estructuras de mando del estado?

Como es el caso en todos los ejércitos en proceso de modernización, administran sus activos bajo un conjunto rígido de puntos de referencia financieros, un modo administrativo decididamente capitalista. Esta verdadera oligarquía militar-económica encaja en una categoría, la «oligarquía modernizadora», que es bien conocida en la sociología del desarrollo tal como la define Edward Shils: sistemas políticos controlados por camarillas de oficiales burocráticos y/o militares, en los que se han suspendido las constituciones democráticas. y donde el impulso modernizador toma la forma de preocupación por la eficiencia y la racionalidad.

«Las oligarquías modernizadoras», dice el Sr. Shils, «generalmente están fuertemente motivadas hacia el desarrollo económico». Samuel Huntington también señala que los sistemas multipartidistas que promueven la libertad y la movilidad social pierden la concentración de poder necesaria para emprender reformas. “Puesto que el requisito previo de la reforma es la consolidación del poder, se presta primera atención a la creación de un ejército eficiente, leal, racionalizado y centralizado: el poder militar debe estar unificado”, escribe.

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Aunque es una posibilidad remota, no se puede ignorar que podrían ser los militares los que establezcan las prioridades de desarrollo y las hagan cumplir en las etapas iniciales de las reformas que la mayoría de Cuba parece anhelar.

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Escenarios

La tarea a la que se enfrentan los futuros reformadores es enorme, ya que todos los sectores económicos quedaron bajo el control del Estado en 1976. Además, las condiciones previas clave para una economía capitalista moderna -como un sistema legal o un código fiscal adecuados y los mercados de capitales- no se cumplen. existe. El embargo punitivo de EE. UU. hace más que aislarlos de las agencias internacionales de crédito; es uno de los embargos más onerosos que jamás haya impuesto el gobierno estadounidense.

Ante todo esto, ¿quién va a manejar los asuntos si se desmantelan las estructuras de mando del Estado? En particular, ¿quién va a limitar el acaparamiento de partes importantes de las estructuras privatizadas por bandas criminales, como ocurrió cuando se desmanteló el sistema soviético? Académicos como el historiador militar canadiense Hal Klepak y el sociólogo cubano exiliado Haroldo Dilla argumentan que solo los militares pueden lograr esto. Curiosamente, los Sres. Las conclusiones de Klepak y Dilla reflejan las de dos académicos de RAND, quienes hace décadas hicieron una recomendación que contradecía la “falacia del jugador” que ha regido el enfoque de Washington desde el comienzo de este conflicto.

Los formuladores de políticas, argumentaron, deberían estar preparados para cambiar el rumbo de las políticas o posiblemente recombinar diferentes elementos de dos o más opciones. Una de las opciones recomendadas fue explorar “intercambios de información y medidas de fomento de la confianza” entre las fuerzas armadas estadounidenses y cubanas. Su razonamiento se basa en una sólida sociología: «De todas las instituciones estatales, los órganos militares y de seguridad siguen siendo los más críticos para la supervivencia presente y futura del régimen». Y, uno podría agregar en contra de la intuición, los únicos capaces de reformarlo.

El tercer escenario podría ser una posibilidad remota, pero el ejército es la única institución que, si se presenta la situación, tiene la oportunidad de llevar a cabo la reforma de ese régimen calcificado.


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