Decidir leer este artículo no es el resultado de que la gravedad aplaste tu espíritu cuántico.

Hace unos años, en las profundidades de los Apeninos en Italia, un equipo de físicos persiguió destellos de luz que podrían sugerir conciencia es el producto de las fuerzas gravitatorias.

El hecho de que hayan salido con las manos vacías no significa que todos seamos computadoras de carne y hueso sin libre albedrío; sin embargo, hace que la búsqueda de un modelo adecuado que explique la conciencia sea un desafío mucho mayor.

Si la idea de no tener libre albedrío te resulta incómoda, no estás solo. En la década de 1990, el premio Nobel Roger Penrose y un anestesista llamado Stuart Hameroff argumentaron que las propiedades cuánticas de las estructuras celulares llamadas microtúbulos podrían introducir suficiente espacio de maniobra para permitir que el cerebro se libere de las restricciones mecánicas de «una entrada, una salida». clásico.

Si bien su hipótesis, llamada Reducción objetiva orquestada (Orch OR), se encuentra en los márgenes de la física y la biología, no obstante, es bastante completo proporcionar a los investigadores predicciones que pueden estudiarse científicamente.

“Lo que me gustó de esta teoría fue que en principio es verificable y decidí buscar pruebas que pudieran ayudar a confirmarla o falsearla”, Él dice física Catalina Curceanu de los Laboratorios Nacionales de Frascati en Italia.

El concepto de Penrose y Hameroff puede ser verificable, pero todavía se basa en una montaña de hipótesis sobre cómo funcionan la física y la neurología en un nivel fundamental.

Central a la mecánica cuántica es la idea de que todas las partículas existen como un rango de posibilidades a menos que sean cuantificadas de alguna manera por una medida.

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No está claro exactamente lo que significa, lo que lleva a algunos a interpretar la diferencia como un «colapso» de la bruma ondulante de quizás en un concreto absoluto de la dura realidad.

Igualmente fascinante es la pregunta de por qué un enjambre de posibles valores debería asentarse en cualquier medida.

Una idea sostenida por Penrose y colega Lajos Diosí a finales del siglo XX sugirió que la curvatura del espacio-tiempo podría favorecer unas posibilidades sobre otras.

Para decirlo de otra manera, la masa y su atracción gravitacional podrían aplastar de alguna manera las ondas cuánticas.

Al aplicar esta hipótesis a los estados cuánticos competitivos del material celular, es decir, las sustancias químicas que mezclan la tubulina dentro de las neuronas, Penrose y Hameroff calcularon el tiempo que tardan los efectos cuánticos en traducirse en mecanismos que afectarían la conciencia.

Aunque su modelo se detiene mucho antes de explicar por qué eligió conscientemente leer este artículo, muestra cómo la neuroquímica puede desviarse de las operaciones computacionales clásicas hacia algo menos restrictivo.

La idea del colapso gravitatorio de Penrose y Diósi ha sido probada con anterioridad, nada menos que por el propio Diósi. Su experimento en el Laboratorio Nacional Gran Sasso examinó los escenarios de colapso más simples y no encontró señales de que la hipótesis fuera correcta.

A la luz de estos hallazgos, el equipo ahora pregunta cómo sus hallazgos anteriores podrían influir en la hipótesis Orch OR de Penrose y Hameroff.

Su análisis crítico del modelo sugiere que ahora se puede descartar al menos una interpretación de la hipótesis. Dado lo que sabemos sobre física cuántica, la distribución de tubulina dentro de nuestras neuronas y las restricciones impuestas por los experimentos previos de Diósi, es extremadamente improbable que la gravedad esté moviendo los hilos de la conciencia.

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Al menos, no de esta manera específica.

«Esta es la primera investigación experimental sobre el pilar del colapso cuántico relacionado con la gravedad del modelo de conciencia Orch OR, que esperamos sea seguido por muchos otros». Él dice Curceanu.

Es difícil decir exactamente lo que significaría si una investigación encontrara un atisbo de evidencia para Orch OR. Las descripciones no computacionales de la conciencia no solo son difíciles de estudiar; son difíciles de definir. Los programas indiscutibles que se hacen eco del pensamiento humano también desafían nuestros esfuerzos por identificar ejemplos de sensibilidad, autoconciencia y libre albedrío.

Sin embargo, la idea de que los sistemas biológicos son demasiado caóticos para que surjan comportamientos cuánticos delicados se ha debilitado a la luz de la evidencia de que el entrelazamiento juega un papel en funciones como la navegación en las aves.

Quizás solo un destello de inspiración es todo lo que necesitamos para ponernos en el camino de comprender la física de nuestras propias almas.

Esta investigación fue publicada en Reseñas de Física de la Vida.

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